Los "habitatseptinos" visitan la Tierra

Relato de Jorge Félix Alonso-TIC3 PILARICA

Era el año 2021, un año antes de que empezara la invasión de Ucrania por el ejército ruso, cuando una nave se aproximaba a la Tierra desde planeta “Hábitat 7”, que forma parte de la galaxia Andrómeda, situada a 2,5 millones de años luz. La tecnología que habían desarrollado los habitatseptinos les permitía realizar grandes desplazamientos en pocas horas.
A medida que se aproximaban al planeta azul podían ver con más claridad los contornos de los continentes y vislumbrar las grandes urbes. Sobre todo, les llamaba la atención los elevados edificios que sobresalían en Nueva York, París, Tokio o Brasilia. No conocían los nombres de esas grandes aglomeraciones de habitantes en las ciudades del planeta que venía a explorar, pero les llamó la atención esas metrópolis, con edificios que se elevaban de forma espectacular. El avanzado desarrollo tecnológico de los habitatseptinos, les permitía hacerse invisibles ante los ojos de los humanos, por lo que fueron recorriendo esas ciudades sin ser percibidos por los habitantes del planeta Tierra.


Descendieron en la Quinta Avenida de Nueva York, en los Campos Elíseos de París, en la Citi de Londres, en las cuatro torres que se elevan al final de la Castellana en Madrid, pero también les llamó la atención el lujo de las construcciones Abu Dabi, Doha y Singapur. Ciudades que cuando anochece el espectáculo que generan la iluminación desde las alturas por dónde se desplazaba la nave con los habitatseptinos, daba la impresión de que la vida en la Tierra era altamente confortable y maravillosa, así lo transmitieron a su regreso a “Hábitat 7”.
Tanto les entusiasmo lo que habían visto en el planeta azul que organizaron otro viaje con el objetivo de comunicarse con los terrícolas para buscar el hermanamiento, pero antes decidieron explorar aquellas otras zonas que en su primer viaje les habían pasado desapercibidas.


Este segundo viaje, siguiendo las coordenadas que les habían facilitado los habitatseptinos del viaje anterior, fueron más al sur, haciendo su aproximación en el río Grande, el río que separa Estados Unidos de México, no entendían lo que sus ojos veían: había personas cruzando el río hacía el norte, perseguidas por otras que parecían formar parte de un ejército, porque iban uniformadas. Veían a mujeres con niños en brazos, corriendo y escondiéndose, mientras los hombres intentaban atraer la atención de los
perseguidores para que las mujeres y los niños pudieran llegar a la otra orilla. Siguieron bajando más al sur y les llamó la atención una gran estatua situada en la cima de una montaña, pero a medida que descendía la nave comenzaron a divisar miles de pequeñas construcciones donde se podía ver que sus moradores tenían unas condiciones de vida que no tenía nada que ver con lo que habían visto en la Quinta Avenida de Nueva York o los Campos Elisios de París, eran las favelas de Río de Janeiro. Allí también se observaba un gran despliegue de uniformados, fuertemente armados.


Después de ver estás escenas que les dejaron sin entender que pasaba en el planeta Tierra, se desplazaron hacía el Este, allí, sobrevolaron una gran superficie de agua, que se encontraba entre dos continentes, el Mediterráneo. Vieron como algunas embarcaciones, repletas de personas, navegaban a la deriva. No entendían que movía a esas personas a viajar en esas condiciones. Entonces decidieron adentrase en el continente que esta al sur de aquel mar, y a medida que se aproximaban a algunas zonas sus semblantes se fueron entristeciendo. Contabilizaron hasta diez territorios donde había guerras que obligaba a mujeres, a niños y a hombres a desplazarse por las selvas y desiertos: Camerún, Etiopía, Mozambique, República Centroafricana, Burundi, Mali, Nigeria, República democrática del Congo, Somalia y Sudán del Sur. Pero su asombro no dejaba de aumentar cuando vieron que en muchas de esas guerras las armas las empuñaban adolescentes.


Intentando pensar que lo que habían visto no era representativo del planeta Tierra siguieron desplazándose hacia el Este, y se detuvieron un poco más al sur, cerca de donde habían visto los lujosos edificios de Abu Dabi, y comprobaron que en Yemen se libraba otra guerra donde miles de niños mueren por mal nutrición. Cuando comenzaban a subir hacía el norte, intentando volver a las ciudades que habían visto los anteriores exploradores, se encontraron con otra imagen que les sorprendió, mujeres cubiertas de los pies a la cabeza con grandes mantos que no les dejaban ver ni los ojos, las mujeres que portaban los burkas vivían como en una cárcel perpetua.


El silencio y el abatimiento inundó a los tripulantes de la nave en su regreso a Hábitat 7, el hermanamiento tendría que esperar.

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